La Ciencia que no permanece al amparo del poder

Me habéis pedido que ya que estoy en Argentina consulte a ver qué piensan de «nuestra» crisis. Bueno, a veces ni hace falta preguntar. Por aquí, la sensación es que España está pasando ahora por lo que Argentina en 2001: la misma crisis, los mismos actores (instituciones financieras partidos políticos pro modelo hegemónico, lobby, etc), las mismas estrategias y similares padecimientos.

Esta mañana ha comenzado el I Congreso Internacional de Salud Socioambiental en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Lo primero el saludo del Decano de la Facultad de Medicina, Miguel Farroni. Ha dicho que se hacen las jornadas para respetar los derechos que marca la Constitución de Argentina, el derecho a la educación y a la salud. También ha hecho una declaración de principios, que la Facultad está dispuesta a «presentar batalla» por el medio ambiente y la salud. «Surge el conflicto cuando la salud se transforma en mercancía», ha añadido.

También ha expresado su deseo de que el evento marque un rumbo a favor de la conciencia colectiva, «para construir un mundo diferente». No he podido evitar la comparación con España, donde las universidades, por lo general, se han ido convirtiendo en fábricas de mano de obra cualificada para los mercados.

Damián Verzeñassi, responsable académico de la Materia Salud Socioambientalalma mater de este congreso ha explicado el esfuerzo que han hecho numerosos colectivos sanitarios y ecologistas de la zona para llevar a cabo el evento (y no están todos los que son pues como en todas partes aquí también cuecen habas y sector crítico de los críticos); pero hay un Colegio de Médicos apoyando el acto y un sindicato de trabajadores de la salud.

Durante los cuatro días que dura el evento se presentan 30 trabajos científicos. Hay 450 inscritos.  ¿El objetivo? Según Verzeñassi, «abrir rendijas, grietas en los pensamientos hegemónicos; conocimiento científico a favor de las personas«.

Andrés Carrasco, investigador del laboratorio de Embriología Molecular y el referente en Argentina en el análisis crítico de la biotecnología y los alimentos transgénicos, aboga por una ciencia más creativa y más crítica. «El pensamiento hegemónico garantiza el saqueo», asegura. Es necesario, desde la Ciencia, no promover la salud ni prevenir tanto como evitar todo aquello que pueda causar daños.

«No queremos biotecnología. Los sectores académicos no favorecen el pensamiento crítico en la Universidad«, argumenta. ¿Esto sólo ocurre en Argentina? La ciencia está sometida a las lógicas impuestas desde fuera. «Debemos tomar nuestras propias decisiones; se ha transformado la agricultura y ganadería de muchos países de América Latina sin consulta democrática; agronegocios, minería expansiva y tecnociencia, son una nueva colonización«.

Ya veis que por aquí, algunos las cosas las tienen muy claras (la ovación que se ha llevado tras casi ¡dos horas! de conferencia ha sido impresionante».

Otras frases suyas han sido:

-La ciencia es del pueblo, no debe permanecer al amparo del poder.

-La ciencia no se pregunta el porqué sino el cómo lo hago.

Al parecer tribus indígenas de Argentina, sin haber pasado por la Universidad, como los Quechua o los Aymara piensan que el ser humano no está para apropiarse de la naturaleza sino para cuidar de ella y en ello le va su superviviencia. Antes de finalizar,ha advertido algo que luego la periodista de investigación francesa Marie-Monique Robin también ha repetido, que empresas químico tóxicas como Basf o Monsanto van retirándose de la Unión Europea e instalándose en América Latina. España es el máximo productor de transgénicos cuando casi todos los países europeos los rechazan pero se ha quedado sola y ahora las biotecnológicas cultivan en Argentina lo que los europeos no queremos en nuestras tierras.

Robin ha hablado de una epidemia de enfermedades crónicas evitables que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) son el cáncer, enfermedades neurogenerativas, diabetes, el factor de riesgo de la obesidad, etc, y que asolan a los países «modernos». La epidemia se debe al medioambiente contaminado y al estilo de vida.

Existen 100.000 sustancias químicas tóxicas pero sólo el 10% han sido investigadas. Ha descrito cómo la dosis que «podemos soportar» de los contaminantes cotidianos se estudia en animales pero nunca se publican los datos de esos estudios y adolecen de importantes conflictos de intereses. No es cierto lo de Paracelso, «sólo la dosis hace el veneno» eso nos llevó a los «límites admisibles» de productos tóxicos que favorece a las industrias del ramo.

Como es poco serio todo eso se han inventado los límites máximos de residuos en cada alimento. Igual: datos confidenciales, nunca publicados y cubiertos por protección de datos. «Así funciona el sistema. Los expertos son anónimos y nadie puede verificar si las empresas químicas han hecho bien los estudios toxicológicos. Esto lo llamo la fábrica de la duda. Las tabaqueras son el mejor ejemplo, quienes desarrollaron la estrategia a través de agencias de relaciones públicas. La ciencia prostituida o mercenarios de la ciencia para hacer estudios trucados«.

Para que no nos enteremos de qué comemos o qué tóxicos se utilizan en los procesos vitales más comunes, se mezclan sujetos expuestos a un tóxico con los que no o sujetos con diferentes grados de exposición para distorsionar los resultados. Luego se publican en revistas internacionales. Destaca la francesa, los problemas con los conflictos de interés; en las revistas, en los centros de investigación del cáncer, en la OMS, en todas partes. Pesticidas evaluados hay unos 20 ó 30 solo porque como nunca se publican los estudios las instituciones públicas no pueden analizarlos.

Pese a que os pueda parecer duro, triste o pesimista el panorama, Robin ha terminado, en su casi perfecto castellano con un «¡Venceremos!», en alusión a quienes trabajan por la ecología.

Bueno, mañana me toca a mí abundar en las relaciones entre la industria farmacéutica y la química (tóxica).

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6 comentarios

  1. Gracias por compartir tu visita a Argentina. La verdad es que no me enteré que habías venido. Acá hay mucha censura sobre ciertos temas y los cómplices son los supuestos enemigos entre sí: Clarín y el Gobierno. Circo que arman para tapar todo con sus peleas, los dos marcan la agenda. El 99% de los argentinos o son k o son antik y los dos ignoran las mismas cosas. Ni siquiera se preguntan por qué.
    Como dijiste, algunas personas la tienen clara, pero son muy pocas. Lo que Andrés Carrasco dice no lo sabe mucha gente, a menos que se haya interesado en el tema. Como digo, tiene poca difusión. La mayoría ni siquiera piensa si el tema de la biotecnología es grave o no. Hay gente que me ha dicho que «habría que ver si es cierto que los transgénicos y los agroquímicos son realmente malos». La gente en Argentina es escéptica solamente de lo no establecido. Parece un chiste pero así es este país.
    Estoy de acuerdo con el comentario de Pablo que dice que la ciencia se transformó en una religión. Muchos lo niegan pero basta con leer sus argumentos, casi siempre dogmáticos y casi siempre negando que la ciencia tiene puntos de falla.
    Todas las veces que intento compartir lo que se publica sobre estudios independientes, la gente simplemente no lo cree. A menos que salga en el noticiero de las 20hs. Pero no sale ahí, así que para el 99% de los argentinos: todo esto es simplemente mentira.
    Y así nos va…
    Pero bueno, habrá que esperar a que más gente se avive… pueden pasar miles de años.

  2. Realmente, yo quisiera creer que la ciencia no permanece al amparo del poder. Soy argentina, vivo en Argentina y les puedo asegurar que nunca he visto y palpado el deterioro sutil e imparable que se esta llevando a nivel consciente e inconsciente en este país, realizo estas afirmaciones porque las vivo, es el documento que tengo. No se si publicaran este comentario, pero de todos modos ahí lo dejo.

  3. Recomendaría la lectura de Eichman en Jerusalem,(y otras lecturas a las que el libro se refiere) algunas de cuyas dinámicas están presente de manera mucho más sofisticada, normalizada, disimulada, buen-rollista y banal en nuestra sociedad.

    Vemos allí la escasa o nula resistencia que profesionales de todo tipo, jueces, letrados, científicos, burócratas, médicos, periodistas, etc, pusieron al desarrollo del totalitarismo genocida nazi e incluso colaboraron con el.
    El holocausto, no olvidemos, tuvo sus raíces, en un periodo de depresión económica, con el programa de eutanasia Aktion T 4 de eliminación de discapacitados psiquícos y enfermos mentales crónicos, programa que se amparaba en la idea de la muerte compasiva, que incluso fue en algún caso pedida por los mismo familiares y afectados, en el que se ensayaron las duchas de gas, se efectuó el primer mega-ensayo diabólico de manipulación de la opinion y la conciencia publicas del mundo moderno, y en el que participaron los mismos cuidadores que luego pasaron a ser ejecutores de Austwitz. Los mecanismos fundamentales fueron en buena medida los de marketing, auto-ensalzamiento de mediocres y y responsabilidades en lo político y administrativo, difusas, anónimas, del «sistema». Así de sofisticadas fueron las bases que convencieron y dominaron la ciencia, el arte, la justicia y las profesiones

    Hoy no se trata de la raza aria, no se ejecuta, se hace enfermar, se cronifica la enfermedad, se inventan enfermedades, se recluta en un sistema de beneficios por el bien del paciente, sistema que produce serias contradicciones e injusticias. Hoy el Estado está al servicio de intereses corporativos y políticos para los que el curar y asistir, está dejando de ser importante y desde luego la verdad y la justicia son administradas para la defensa del poder.

    Como entonces la ley se ignora, pero ahora no tenemos la palabra de Hitler como ley máxima, sino la dulce palabra adherida como plexiglas a muchas comunicaciones y acciones, de las grandes corporaciones, por nuestro bien y el bien de España.

  4. Interesantísima «entrada» la que has publicado. Estoy totalmente de acuerdo con cada una de las palabras que has escrito, y por supuesto con la conferencia Andrés Carrasco. En mi opinión la ciencia se ha convertido en una especie de «religión» con millones de creyentes que la siguen. Algunos la utilizan a sus «anchas», otros creen en ella sin cuestionarse nada.
    Medicina (ciencia) = Religión (Fe)
    Médicos = Curas
    Usuarios = Creyentes
    Farmacéuticas = Vaticano

    Y así con las demás industrias, como la alimentaria…

    http://despertardelautismo.wordpress.com/

    Un saludo.

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