La relación entre anticonceptivos hormonales y el cáncer de mama
En 2017, The New England Journal of Medicine publicó un estudio observacional que sugería una relación entre el uso de fármacos anticonceptivos hormonales combinados (estrógenos y progestágenos) y un ligero aumento del riesgo de cáncer de mama. Estos anticonceptivos modernos se encuentran en la lista del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), junto con terapias hormonales postmenopáusicas.
Sin embargo, no todos los anticonceptivos son iguales ni usan las mismas combinaciones hormonales. Por ejemplo, los progestágenos en monoterapia (mini píldora) no fueron analizados en profundidad en ese estudio inicial.
En 2023, un estudio publicado en PLOS Medicine amplió esta investigación al analizar 9.498 casos de cáncer de mama en Reino Unido y compararlos con más de 18.000 mujeres sin diagnóstico.
Los resultados indicaron que los anticonceptivos basados solo en progestágenos también están asociados con un leve aumento del riesgo de cáncer de mama similar al observado con los combinados. Este riesgo se mantuvo independientemente de la forma de administración: oral, implante subcutáneo o dispositivo intrauterino (DIU) hormonal.

Riesgos reales
A pesar de estos hallazgos, los expertos recalcan que el aumento del riesgo es bajo y desaparece tras abandonar el consumo. Por ejemplo, entre mujeres jóvenes (16-20 años), se detectan aproximadamente 8 casos por cada 100.000 usuarias; mientras que entre las mayores (35-39 años), este número asciende a 265 casos por cada 100.000 usuarias, algo esperable debido al incremento del riesgo con la edad.
Por otro lado, estudios recientes han mostrado que los anticonceptivos hormonales no tienen un impacto significativo en mujeres sanas respecto al cáncer de mama, aunque sí aumentan el riesgo para portadoras de mutaciones BRCA1/2. Esta evidencia refuerza la necesidad de personalizar las recomendaciones según factores genéticos y perfiles individuales.
Mi conocimiento del tema
Los anticonceptivos hormonales han sido objeto de debate durante décadas por sus efectos secundarios, entre los que destacan el riesgo de cáncer de mama, trombosis y otros problemas graves de salud. Como periodista especializado en temas de salud y medicamentos, he abordado este tema en múltiples ocasiones, denunciando los riesgos asociados a estos fármacos y la falta de transparencia por parte de las empresas farmacéuticas y las autoridades sanitarias.
Uno de los puntos más preocupantes es lo que estamos tratando: El aumento del riesgo de cáncer de mama en mujeres que consumen anticonceptivos hormonales. Por ejemplo, en el caso de las píldoras combinadas como Yaz y Yasmin se ha observado un aumento del 20% en el riesgo de cáncer de mama entre las consumidoras actuales o recientes en comparación con las no usuarias.
Este riesgo es acumulativo: cuanto más tiempo se utilicen estos medicamentos, mayor es la probabilidad de desarrollar la enfermedad.
En el caso específico de Cerazet, una píldora basada únicamente en progestágenos, también se ha asociado con un mayor riesgo de cáncer de mama. Aunque este tipo de anticonceptivo está diseñado para mujeres que no toleran los estrógenos o que están lactando, no está exento de peligros.
Hay estudios que han demostrado que el riesgo disminuye gradualmente tras dejar de tomar la píldora, pero puede tardar hasta diez años en equipararse al nivel base de quienes nunca la han consumido.
Otros efectos adversos: trombosis y problemas circulatorios
Además del cáncer, los anticonceptivos hormonales están vinculados a un mayor riesgo de trombosis. Este efecto secundario grave implica la formación de coágulos sanguíneos que pueden obstruir vasos importantes y provocar embolias pulmonares potencialmente mortales.
Existen casos concretos como los relacionados con Yaz y Yasmin, donde se han registrado muertes por coágulos sanguíneos en países como Canadá. Estos incidentes han llevado a múltiples denuncias contra Bayer ganadas por las usuarias (esta empresa es el fabricante de estas píldoras).
La trombosis no es el único problema circulatorio asociado a los anticonceptivos. También se han documentado accidentes cerebrovasculares, infartos y otros trastornos cardiovasculares graves. Estos riesgos son especialmente altos en mujeres fumadoras o mayores de 35 años, lo que subraya la necesidad de una evaluación médica rigurosa antes de prescribir estos medicamentos.
También destacan los efectos psicológicos negativos asociados al uso prolongado de anticonceptivos hormonales. Muchas usuarias reportan cambios emocionales significativos, como depresión, ansiedad y alteraciones del estado anímico. Estos problemas suelen ser minimizados por las autoridades sanitarias y los fabricantes, pero afectan gravemente la calidad de vida de las mujeres.

Otros efectos secundarios incluyen problemas hepáticos, manchas oscuras en la piel (cloasma), aumento del peso corporal y trastornos menstruales. Además, algunos estudios sugieren que estas píldoras pueden debilitar el sistema inmunológico, haciendo a las usuarias más susceptibles a infecciones como la varicela o enfermedades de transmisión sexual.
Prospectos engañosos
En muchos casos los prospectos no explican claramente todos los riesgos asociados al uso de anticonceptivos hormonales. Por ejemplo, algunos prospectos mencionan términos ambiguos como «protección múltiple» sin detallar qué implica realmente esta protección.
En países donde el aborto es legal los prospectos suelen incluir información más clara sobre los efectos abortivos potenciales; sin embargo, en lugares donde no está permitido, esta información se omite o se presenta con eufemismos para evitar controversias.
Esta práctica es un atentado contra el derecho a la información y la salud pública. Las mujeres tienen derecho a conocer todos los riesgos asociados a estos medicamentos para tomar decisiones informadas sobre su uso. Es necesario por tanto una mayor regulación y control sobre estos medicamentos para garantizar que solo se prescriban cuando sea absolutamente necesario y con pleno conocimiento por parte de las usuarias.